Una pequeña adécdota de personas que pudieron escapar a una terrible situación. La verdad que fueron afortunados pues cito textualmente del periódico nacional “La Prensa Gráfica” con publicación del día 20 de mayo de 2011.
Los gritos de Alfonso se escuchaban al otro lado del teléfono celular de su padre. La llamada provenía de México. Desde Tamaulipas con exactitud. Un hombre amenazaba con matar a Alfonso si no le entregaban $6,000. La forma de pago la iban a especificar después de que el padre accediera a pagar el rescate. Para convencerlo, pegaban con un bate de madera a su hijo y permitían que el hombre oyera los llantos.
Era abril de 2010. Alfonso, joven salvadoreño residente de San Salvador, estaba secuestrado por el grupo criminal Los Zetas en una casa rural en México.
El primer intento de Alfonso para viajar como indocumentado a Estados Unidos fue en febrero de 2010. El padre del joven, quien reside en ese país del norte, quiso que su hijo se fuera a vivir con él. Buscó la mejor manera de hacerlo. No importaba que Alfonso llegara como indocumentado. Y fue entonces que un familiar le recomendó al padre un “buen coyote”. Su nombre: Noé Ángel Miranda, de 32 años.
La imagen de coyote de Noé estaba bien posicionada en el mundo del tráfico ilegal de personas. “Era bueno, ya que había tenido éxito llevando personas”, dijo Alfonso el miércoles pasado en el Juzgado Tercero de Sentencia de San Salvador, donde testificó en un juicio contra Noé, acusado de ser traficante de personas.
La recomendación de Noé influyó en la decisión del padre de Alfonso y se puso en contacto con el coyote. “Cobraba $6,000. Mi papá mandó el dinero. Me depositó $3,000 y yo se los di a Noé. Se los di en un banco de San Salvador. Él había llegado con mi primo al banco. Allí nos encontramos y le di el dinero”, relató Alfonso.
El viaje indocumentado se hizo en febrero, pero esa vez Noé, contrario a su buena imagen de coyote, no tuvo éxito. Alfonso terminó deportado de regreso en San Salvador. Su padre ya no pagó la otra mitad del dinero, que se iba a hacer efectiva cuando su hijo llegara a Estados Unidos.
Pero volvió a contratar a Noé para una segunda oportunidad. En esa ocasión, Alfonso iba a viajar junto a Franklin, el otro salvadoreño que sobrevivió a un secuestro de Los Zetas en México.
Corrían los primeros días de abril de 2010 y Franklin contactó a Noé para que lo llevara a Estados Unidos de forma ilegal. El joven, quien también declaró en el juicio del miércoles pasado, hizo el trato con Noé: en 12 días iba a estar en el otro país a cambio de $6,000.
Franklin no conocía al coyote y solo se lo había recomendado una gente conocida. Para tener seguridad, Noé pidió una garantía de pago, a pesar de que Franklin como adelanto le dio $4,500. Cuatro cartas de venta de reses, cada una por $2,000, fueron la garantía.
El viaje, según consta en el informe de la Fiscalía General de la República, inició el 11 de abril de 2010. Salieron de la Catedral de San Salvador. Los viajantes eran Alfonso, Franklin y Noé. En Santa Ana se iban a unir tres personas más con el mismo destino.
El primer destino fue Guatemala; luego, Petén. Luego de pasar la frontera Guatemala-México por un punto ciego, al grupo se unieron tres personas más, entre ellas una niña guatemalteca de cinco años de edad que viajaba sola. Su madre, en Estados Unidos, pagó para que se la llevaran de forma ilegal.
Los lugares en que pasaron las noches los migrantes fueron varios, según los relatos, y algunos no están en los mapas, entre ellos nombres de fincas que escuchaban. Pero también estuvieron en Tabasco, Villa Hermosa y Tampico, entre los más conocidos.
En estos lugares, Franklin contó que durmieron en al menos tres casas distintas y un hotel de paso. Aunque pasaron noches también debajo de un puente para pasar la lluvia y hasta en sembradíos de maíz al lado de las carreteras.
En una ocasión, camino a Tampico, relató Franklin: “Nos detuvieron los policías. Allí Noé tuvo que pagar para que nos dejaran salir otra vez. Yo le tuve que dar $400 a Noé. No sé cuánto pagó”.
El grupo nunca llegó a Tampico, porque después de los policías, fueron detenidos por agentes federales. “Nos llevaron a un taller mecánico”, dijo Franklin, “en el taller pasamos dos días. Uno de los federales nos dijo que nos iban a llevar a una casa. Nos llevaron a una casa desconocida. Había muchas casas. Era una zona urbana”.
Después de pasar una noche juntos en una casa urbana gracias a los federales. Noé, el coyote, de repente abandonó el grupo.
Cuatro días pasaron encerrados en la casa. Entonces, personas armadas los llegaron a sacar y se los llevaron a Reynosa, Tamaulipas.
Las investigaciones dan cuenta de que los federales y el coyote vendieron los migrantes a esas personas armadas. Ese grupo era una célula de Los Zetas.
En una casa rural de Reynosa, en la que los salvadoreños se encontraron con unos 75 migrantes de otros países, entre centroamericanos, colombianos y asiáticos, pasaron secuestrados alrededor de cinco días. “Nos quitaron la ropa y nos preguntaron si teníamos familiares en Estados Unidos y que les diéramos los números de teléfono”, dijo Franklin.
Fue así que los secuestradores pidieron rescate a los familiares de cada migrante. Una de esas llamadas fue la que le hicieron al padre de Alfonso mientras torturaban al joven. En otra llamada, al padre de Franklin le pidieron, por su rescate, $12,000.
“Por la niña guatemalteca pidieron $16,000”, contó Franklin. Los salvadoreños no supieron más de ella. La vieron la última vez en esa casa donde fueron maltratados con golpes, insultos y amenazas.
Una llamada anónima, según la investigación en México, alertó al Ejército, que intervino cinco días después del secuestro de los salvadoreños, rescató a los migrantes y capturó a los integrantes de Los Zetas, que están detenidos.
Alfonso y Franklin regresaron a El Salvador, deportados, el 25 de mayo de 2010. Aquí denunciaron lo sucedido a las autoridades, que lograron la captura de Noé Ángel Miranda en agosto pasado y también su condena a seis años de prisión el miércoles anterior.
Cuando Alfonso regresó al país, su madre recibió una llamada que le decía que su hijo estaba secuestrado por Los Zetas y que lo iban a matar si no daba $6,000. El joven estaba frente a ella. Colgó.
El país sufre diariamente, pero el migrante llega a sufrir aún más, desvalido y a la suerte en país extranjero en lugares que no lo quiere nadie. Si usted hermano salvadoreño quiere viajar al extranjero ilegalmente, por favor piénselo muchas veces y si es posible evite ese viaje. Se que muchos sufrimos en el pais, o tenemos años sin ver a nuestros padres, madres o hermanos, pero el riesgo es tan grande, que es mejor esperar un poco más.
Por otra parte, seamos cada uno una iniciativa para sacar al país adelante, para no buscar el porvenir en tierra ajena.